
A un año y ocho meses se encuentra el cambio de una administración que tiene entre sus particularidades el haber sido un espacio de alternancia, aunque entre miembros de la misma familia revolucionaria.
Lo dicho en la entrevista con la presidenta municipal de Tlaxcala y la unción del presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI marcan un tiempo. Así como lo ha determinado también la unción de la superdelegación.
Los dirigentes de los partidos políticos y los aspirantes visualizan una competencia entre dos, aunque muchos se habrán de anotar, cuando menos para mantener la membresía y el financiamiento de sus partidos políticos.
La arena política muestra que uno de los contendientes será Morena, sin importar quién sea el candidato o la candidata. Existe ya una lista en la que se confrontan intereses de tres grupos locales.
En la derecha, si no aparecen nuevos actores, lo cual resulta casi imposible, la candidatura se la disputarán dos eternas aspirantes al Palacio de Gobierno. Ambas han fracasado en el intento, pero no se descarta que vayan de nueva cuenta. Queda el secretario de Desarrollo Económico.
En el PRD la casa está vacía. Lo mismo puede decirse de todos los demás partidos pequeños, incluyendo los que forman parte de Juntos Haremos Historia. Estos buscarán presencia en el Congreso y los ayuntamientos.
En el PRI, aunque está en el poder, no ha podido construir candidatura alguna. Solo tiene una diputada local y de entre sus presidentes municipales solo hay una que ha logrado presencia estatal. En el gabinete hay cuando menos tres.
Alrededor de cinco personas aspiran a suceder a Marco Mena, en ese orden: la presidenta municipal de Tlaxcala, el secretario de Educación Pública, el ex secretario de Educación Pública y alfil gubernamental, el secretario de Gobierno y el presidente electo del CDE del PRI.
En 20 meses muchas cosas pueden suceder.
