
Me llevo bien con el gobernador de Tlaxcala. Es una declaración del presidente de la República hacia un gobernador priista. Lo que constituye una deferencia en razón de que el tricolor representa todo contra lo que ha luchado López Obrador.
Cinco pueden ser las razones que dan peso a esa afirmación. Primero, el gobierno de Tlaxcala ha sido austero. Sin utilizar esa palabra, desde el Primer Informe de Gobierno afirma que ha puesto orden en las finanzas públicas. Derivado de lo anterior, la administración estatal logra ahorros importantes.
Esos ahorros sirven, en palabras del gobernador, para realizar 10 grandes proyectos. Entre los que destacan el mejoramiento de la estructura y los servicios públicos. Entre otros: la carretera Tlaxcala–Apizaco, el Hospital General de Tlaxcala y la remodelación del estadio Tlahuicole.
Segundo: Tlaxcala sigue siendo la única entidad que no registra deuda pública. Lo que le permite utilizar la mayor parte de las transferencias del gobierno federal. Ni un solo peso pasa a las ventanillas de los bancos para pagar deuda o intereses.
Tercero: la implementación de una política de fomento industrial de largo aliento que permite atraer inversiones nacionales y extranjeras para la creación y construcción de empresas.
El impacto de estas acciones se observa en la creación de empleo formal con derechohabiencia. Lo que beneficia no solo la vida de los trabajadores sino cuando menos a tres personas más, ya que el núcleo familiar es de cuatro miembros.
En consecuencia, se registra una disminución contante de los índices de pobreza y pobreza extrema. Y, por lógica consecuencia, se mantiene una entidad con bajos niveles de violencia.
Por eso el presidente se lleva bien con el gobernador de Tlaxcala, aunque militen en partidos diferentes y uno de ellos represente a un elefante echado, entumido y mañoso.
