
Tercera cara de la moneda. Es una idea con la que se busca construir una historia más de Tlaxcala. En principio las dos caras son la española y la tlaxcalteca. La tercera es la que surge del mestizaje.
El primer problema es que la tercera reconoce su ascendencia española, pero no la indígena. El ejemplo es Diego Muñoz Camargo. La Independencia enfrenta a los descendientes. Unos luchan por ella y otros se oponen. De ahí emerge el estigma de “traición”.
Cuando a Jesús, en el evangelio de Marcos (12,15) le interrogan si es lícito pagar o no pagar impuestos a Roma. Pide una moneda (un denario) y pregunta de quién es la inscripción. Del César, responden. Él responde: den al César lo que del César y a Dios lo que es de Dios.
En la moneda tlaxcalteca, el anverso tiene la Corona y en el reverso la garza. Los mestizos tlaxcaltecas no encuentran a quién cobrar la herencia. Lo que los lleva a plantear tardíamente la tercera cara de la moneda.
El primer planteamiento se desarrolla a lo largo de la vida independiente con la lucha por conservar gobierno y territorio. En esa controversia brota el grito de traidor, del que se apropia el gobierno centralista y la vecindad poblana.
En el siglo XX, del Poder Ejecutivo local surge y se mantiene la propuesta de una tercera cara de la moneda. No la hacen los historiadores, ni los arqueólogos, ni los antropólogos. La diseña e implementa la clase política PRIista.
Los gobernantes priistas patrocinan el trabajo de los murales de Palacio de Gobierno, crean el himno a Tlaxcala, y en un oportuno giro designan a la entidad como Cuna del Mestizaje y de la Nación.
Esa es la tercera cara de la moneda. Que la comisión nunca encontró.
