Una fogata que no fue bien apagada por visitantes al Parque Nacional La Malinche el domingo pasado, provocó el que hasta ahora ha sido el incendio más aparatoso registrado en la montaña en lo que va de la temporada crítica, el cual afectó 76.8 hectáreas en el predio denominado “El Páramo”.
El siniestro en este volcán (donde habitan más de 900 especies de fauna en 46 mil 112 hectáreas de extensión) causó indignación en muchos porque puso en riesgo al pulmón principal de Tlaxcala, ya de por sí devastado al paso del tiempo por asentamientos humanos y actividades agrícolas y de ganadería que han reducido la tercera parte del bosque, aunado a la tala clandestina que ha contribuido a la deforestación, según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).
El descuido y la inconsciencia del ser humano es la causa principal de los incendios en las zonas boscosas. Con base en estadísticas de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), alrededor del 90 por ciento son causados por el uso irresponsable del fuego.
Desafortunadamente las condiciones climatológicas, determinadas por la sequía que azota a la mayor parte del país, hacen más vulnerable al entorno, pero sobre todo la necedad, cerrazón y estupidez humana. Es el hombre el principal depredador.
Hasta ahora la Norma Oficial Mexicana 015 Semarnat–Sagarpa 2007 que regula las quemas agrícolas, no es acatada totalmente; tampoco las recomendaciones de la Conafor para suplirlas por la incorporación de residuos al suelo.
Además del costo ambiental que arrojan los incendios, porque no solo hay una afectación a la vegetación sino al suelo y al aire al producir dióxido de carbono, también generan un gasto para combatirlos, el cual representó casi 762 mil pesos al mes de marzo pasado, de acuerdo con un informe de la gerencia estatal de la Conafor. Especialistas han planteado la necesidad de endurecer las sanciones a quienes incumplan la normatividad y de plano prohibir las quemas agrícolas, sugerencias que no deben ser ignoradas.

