El abundante uso de las tecnologías conlleva muchos beneficios en cuanto al ejercicio de la libre expresión y el proceso educativo; sin embargo, también se convierten en otra ventanilla de problemáticas sociales como el ciberacoso.
Esta es una práctica que consiste en utilizar lo digital con la intención de ofender, humillar, amenazar, acosar, o abusar de alguien.
El Inegi refiere que el 23.9 por ciento de los internautas de 12 años y más fue víctima de acoso. La situación de ciberacoso más frecuente que experimentaron las mujeres fueron las insinuaciones o propuestas sexuales (40.3 por ciento), mientras que en el caso de los hombres fue la recepción de mensajes ofensivos (33 por ciento).
Sabemos que esta práctica no distingue géneros, pero en un contexto de violencia hacia las mujeres la situación se agrava porque los insultos y el acoso suponen la intención de vulnerar -mediante el uso del «poder» y la violencia- la dignidad, la autonomía sexual y la libertad a no sentir miedo.
Además, los adolescentes y jóvenes son los más expuestos: 28.1 por ciento de los hombres de 12 a 19 años y 36.4 por ciento de las mujeres de 20 a 29 años, señalaron haber vivido algún tipo de ciberacoso en los últimos 12 meses, mientras en el momento de identificar al agresor el Inegi señala que el 61.8 por ciento de los hombres y 54.8 por ciento de las mujeres señaló que se trataba de un hombre.
Pese a la circunstancia el sector juvenil es el que más actividad tiene en este vínculo de comunicación.

