Paz, armonía y magia. El teatro lo proporciona. Permite soñar. Es el lazo que une a culturas, a pueblos. Las artes escénicas no tienen nacionalidad, pero sí rescatan tradiciones, usos y costumbres. Son el hilo más sensible de la humanidad. Y esto lo personifica el maestro Kyozo Nakamura, heredero de la dramaturgia del país del Sol Naciente que se remonta al siglo XIV, con claros aires e influencia chinas.
Es el kabuki, teatro que nace en la plaza pública y que solo se actuaba por mujeres, comenta este artista, quien ataviado con un elegante kimono para hombre –propio para grandes ocasiones-, se desdobla en sus actuaciones como mujer, con la exquisitez de los modales y cultura nipona. Adopta las posturas de un actor ‘onnagata’, esto es, el rol femenino.
Y es que desde el inicio del teatro kabuki que quiere decir canto, baile y expresión, sólo actuaban mujeres; pero en el 1629 se restringió al pasarse la línea entre actuación y prostitución. Desde entonces y hasta la Segunda Guerra Mundial, eran solamente hombres quienes interpretan papeles masculinos y femeninos.
El estilo más aceptado para cada país. De trato afable, tranquilo, discreto, su metamorfosis es casi de magia. En la conferencia magistral que dictó en el Teatro Salvador Novo del Centro Nacional de las Artes (Cenart), ante alumnos de este Centro, comentó entre otros secretos de esta dramaturgia milenaria, que: En el teatro kabuki, el maquillaje es fundamental para mostrar el carácter de las personas. Los ademanes y posturas, únicos. Los gestos, fundamentales.
La delicadeza en el movimiento de las manos es clave en los actores ‘onnagata’, es decir los hombres que interpretan los roles, los personajes de las mujeres. Todo sigue una liturgia, una tradición, un estilo muy oriental, para mostrar con expresión histriónica, la vida cotidiana japonesa. Los gestos de risa y llanto, deben llevarse a cabo con las manos cubiertas por el kimono, explicó el doctor Nakamura en dicha presentación.
Los colores también tienen significado en el teatro kabuki: el rosa, por supuesto, representa la feminidad. El azul, la maldad. El café los monstruos. El rojo, es poder.
