
Una paradójica celebración para los tlaxcaltecas. Por un lado alaban la llegada de los españoles a su territorio, y por otro, celebran la independencia de esos mismos españoles. El 2 de septiembre alcanzan la frontera del territorio. Después de algunas escaramuzas, el 18 para algunos y para otros el 23 de septiembre, hacen su entrada a Tlaxcala.
Francisco López de Gómara, Francisco Cervantes de Salazar, Diego Muñoz Camargo y Bernal Díaz del Castillo hacen el registro. Coinciden en las posiciones encontradas de Maxicatzin y Xicotencatl. Así como de la humillación a que someten al capitán de los ejércitos, para fincar las bases de una alianza.
El siglo XX mantiene una relación muy particular entre la nación y la entidad. Lo que determina que la historia local no coincide con la nacional. En tiempos de la reforma educativa se presenta la oportunidad de insertar esta visión diferente. Pero no se desarrolla ningún planteamiento desde el gobierno local.
No es gratuito lo que escribe Gamiño. “El festejo de los 500 años del encuentro entre las dos culturas en el estado de Tlaxcala va a contrapelo de la narrativa dominante. Eso coloca y colocará, en fechas próximas, el festejo tlaxcalteca en el centro del debate y en el encono, ese que ha alimentado la diferencia y la estigmatización”.
El recibimiento y servicio que hicieron en Tlaxcallan a los nuestros
Entró en Tlaxcallan a 18 de setiembre; aposentose en el templo mayor, que tenía muchos y buenos aposentos para todos los españoles, y puso en otros a los indios amigos que iban con él; puso también ciertos límites y señales para hasta do saliesen los de su compañía, y no pasasen de allí, so graves penas, y mandó que no tomasen sino lo que les diesen; lo cual muy bien cumplieron, porque aun para ir a un arroyo, tiro de piedra del templo, le pedían licencia. Mil placeres hacían aquellos señores a los españoles, y mucha cortesía a Cortés; y les proveían de cuanto menester habían para su comida, y muchos les dieron sus hijas en señal de verdadera amistad, y porque naciesen hombres esforzados de tan valientes varones, y les quedase casta para la guerra; o quizá se las daban por ser su costumbre o por complacerlos.
Parecioles bien a los nuestros aquel lugar y la conversación de la gente, y holgáronse allí veinte días, en los cuales procuraron saber particularidades de la república y secretos de la tierra, y tomaron la mejor información y noticia que pudieron del hecho de Moteczuma. (Francisco López de Gómara, La conquista de México, Biblioteca Aycucho, Venezuela)
Del rescibimiento y servicio, que los taxcaltecas hicieron a Cortés y a los suyos
… Entró desta manera con un gran baile, que iba delante, en Taxcala a diez e ocho de septiembre.
… llamó a algunos viejos y entre ellos a Xicotencatl, padre del Capitán general, que de viejo estaba ya ciego; traxéronle unas mujeres de brazo, mandóle sentar Cortés, holgóse mucho de verle, … y así dixo a Cortés: «Tú seas muy bien venido y sepas que has de señorear el gran imperio de Culhúa y los míos te serán buenos amigos, que yo así se lo he aconsejado. No durarán mucho tiempo nuestros sacrificios, ritos y cerimonias, y nuestros ídolos serán quebrantados y deshechos; tomará nuevo nombre esta gran tierra, y los moradores della nueva religión y nuevas leyes y costumbres; reconoscerán otro gran señor, y el demonio mostrará grandes señales de pesar.»
Holgóse por extremo Cortés con estas palabras, que fueron profecía; enternesciéronse con lágrimas los otros vicios que allí se hallaban, los cuales como a más viejo y más sabio respectaban al ciego Xicotencatl. Hízoles Cortés muchas caricias y buenos tratamientos, especialmente al ciego, dándoles algunos presentes y a beber de nuestro vino, que les supo bien, porque entendió que en el consejo de aquellos viejos consistía el perseverar los mozos en la amistad comenzada.
Otro día, como entendió que el valeroso y prudente Magiscacín había sido su amigo y el que con todo calor había procurado su amistad, le invió a llamar y usó con él de muchos comedimientos, porque aliende de que era muy señor, le paresció en su persona, trato y conversación digno del buen acogimiento que le hizo.
Agradescióle con muy amorosas palabras la voluntad que le había tenido; prometióle que por él y sus cosas pondría su persona y amigos; dióle algunas cosas, que aunque no eran muy ricas, eran vistosas; holgóse con ellas mucho Magiscacín; respondióle que su corazón estaba ya contento con ver en su tierra a un hombre a quien el cielo y las estrellas habían dado tan subido valor, y que aquellos dones los tomaba como por prenda de mayor vínculo y amistad, prometiendo de los guardar para que sus descendientes gozasen dellos. ((Frnacisco Cervantes de Salazar, Crónica de la Nueva España, Biblioteca digital Miguel de Cervantes)
Entrada de los españoles en Tlaxcala y su solemne recibimiento
El primer recibimiento se les hizo en Tzompanzingo, lugar muy principal de Tlaxcala, y allí fue recibido (Cortés) de los principales en aquel pueblo: de allí pasaron los nuestros a otro lugar muy grande que llamaban Atliquitlan, de aquí salieron otros Tecuhtlis y Pyles de muy gran valor y estima donde salió Piltecuhtli acompañado de gran muchedumbre de gente, y de este lugar bajaron a Tizatlan que es el lugar de la cabecera de Xicotencatl: aquí en este lugar y casas de Xicotencatl, por ser muy viejo, no salió de su casa más que hasta un patio donde había unas gradas de poca bajada: aquí estuvieron todos los demás Señores de las cabeceras *que eran* Maxixcatzin, Citlalpopocatzin, Tlehuexolotzin y demás Señores al respecto, para hacer tan solemnísimo recibimiento.
Llegados los nuestros y puestos en ordenanza a donde debían ser recibidos, llegó Xicotencatl a abrazar a Hernando Cortés y hacerle la salva como en efecto lo hizo; mas Cortés como hambre sagaz y astuto y no en ningún caso descuidado, asimismo → le abrazó, mas siempre con gran recato le asió de la muñeca del brazo derecho, y no se consintió apretar el cuerpo; y de esta forma y término lo hizo con Maxixcatzin, Citlalpopocatzin y Tlehuexolotzin.
Hecha esta ceremonia tan famosa, se fueron Xicotencatl, Cortés y Malintzin mano a mano hasta donde habían de ser alojados y aposentados, tratando de su venida y de cómo los venía a visitar y ayudar en lo que se les ofreciese, y a castigar a Moctheuzoma, su capital enemigo, y toda la demás gente de Culhua, que en aquella sazón prevalecía y predominaba en toda la máquina de este nuevo orbe, donde era tan temido, y adorado y reverenciado como si fuese su dios, teniendo señorío, poder y mando en este tan remoto y apartado Imperio, sobre todas las naciones de estas tan extrañas partes. ( Muñoz Camargo, Historia de Tlaxcala, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
Cómo fuimos a la cibdad de Tascala y lo que los caciques viejos hicieron
Y volvamos a decir cómo Xicotenga el Viejo y Maseescaci, que eran grandes caciques, se enojaron mucho con Cortés y le dijeron con nuestras lenguas: “Malinche, o tú nos tienes por enemigos o no muestras tus obras en lo que te vemos hacer, que no tienes confianza de nuestras personas y en las paces que nos has dado y nosotros a ti.
Esto te decimos porque vemos que ansí os veláis y venís por los caminos apercebidos, como cuando veníades a encontrar con nuestros escuadrones; y esto, Malinche, creemos que lo haces por las traiciones y maldades que los mexicanos te han dicho en secreto para que estés mal con nosotros. Mira, no los creas, que ya aquí estás y te daremos todo lo que quisieres, hasta nuestras personas e hijos, y moriremos por vosotros. Por eso, demanda en rehenes lo que fuere tu voluntad”.
Y Cortés y todos nosotros estábamos espantados de la gracia y amor con que lo decían. Y Cortés les respondió que ansí lo tiene creído, y que no ha menester rehenes, sino ver sus muy buenas voluntades. E que en cuanto a venir apercebidos, que siempre lo teníamos de costumbre, y que no lo tuviese a mal; y por todos los ofrescimientos se lo tenía en merced y lo pagaría el tiempo andando. Y pasadas estas pláticas, vienen otros principales con muy gran aparato de gallinas y pan de maíz y tunas y otras cosas de legumbres que había en la tierra, y bastecen el real muy cumplidamente, que en veinte días que allí estuvimos siempre lo hobo muy sobrado.
Entramos en esta cibdad, como dicho es, en veinte y tres días del mes de setiembre de mil e quinientos y diez y nueve años. (Díaz del Castillo, La verdadera conquista de la Nueva España, Biblioteca Virtual M. de Cervantes)
