
Industria o sector secundario es desde 2010 el motor de la economía. El gobierno del estado, a través de la Secretaría de Desarrollo Económico, diseña y mantiene una política de industrialización.
A lo largo del tiempo, Tlaxcala encuentra oportunidades económicas para cambiar su base. Logra “arranques” que le permiten mejorar la calidad de vida de una sociedad caracterizada por la pobreza.
La maquila fue uno de esos motores en la década de los noventa. Sin embargo, la competencia por bajos salarios hace que la mayor parte de esta industria deje la entidad para trasladarse a Centroamérica y al sudeste asiático.
En los albores del siglo XXI, el comercio y los servicios son la máquina que mueve la economía. Hasta que alcanzan cierta estabilidad. Hoy, a pesar de que cada poco tiempo se inaugura una tienda departamental, el crecimiento es marginal.
Los indicadores por entidad federativa que sistematiza Inegi muestran que la actividad industrial determina el crecimiento de la entidad. Es el segundo lugar nacional, con tasa de crecimiento por arriba de los 10 puntos porcentuales.
En las actividades primarias, amén del proceso de erosión en que se encuentra el campo. El minifundismo que lo caracteriza y el envejecimiento de la población, hace que se mantenga más o menos estable. Con cifras negativas que no rebasan los dos puntos porcentuales.
El sector terciario, que durante muchos años ha sido el motor, se desacelera, pero todavía se mantiene entre los primeros cuatro lugares. A poca distancia del primero que está en 4.06, mientras que Tlaxcala registra 1.47.
Estos datos permiten hablar bien de Tlaxcala. Pero no pueden quedarse ahí. Porque la economía doméstica debe ser impulsada para mantener las condiciones de vida alcanzadas.
La industria, el sector secundario, se ha convertido en referencia nacional. Lo que hace que se hable bien de Tlaxcala.
