En los últimos días, a través de los medios de comunicación hemos tenido conocimiento de mujeres que han sido víctimas de feminicidio, una de ellas encontrada en la zona boscosa de Papalotla y la otra rociada con gasolina y quemada en el municipio de Terrenate. No es la primera vez que se dan estos hechos de quemar a una mujer, ya que en el mes de marzo un caso similar ocurrió en el municipio de Huamantla. ¿Cómo es que los hombres hemos llegado a estos niveles de violencia hacia las mujeres? Las diferentes violencias que cometemos son resultados de nuestros contextos socio–culturales y de nuestra historia de vida, lo cual por supuesto no nos exculpa de responsabilidad, pero sí puede darnos algunas claves para transformar estas conductas.
En la publicación “Adolescencia una etapa fundamental” (2002), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señala que en la adolescencia el entorno los modela e influencia constantemente. “Cuando los adolescentes pueden aprender y expresarse sin miedo, tienen más probabilidades de participar en actividades con sus progenitores, sus amigos y sus comunidades. Mejoran su autoestima y se convierten en modelos positivos de conducta”. Podemos deducir entonces que un ambiente negativo, modela e influye para que se desarrollen conductas que los lleven a situaciones de riesgo o que afecten los derechos de otras personas.
El contexto en el que se están desarrollando las y los adolescentes en México presenta grandes dificultades. A continuación compartimos algunas cifras sobre la violencia que están viviendo: la línea nacional contra la trata de personas del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México señala que de los reportes recibidos un 71 por ciento son mujeres adolescentes de 13 a 17 años de edad; la encuesta 2014 de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y Delincuencia muestra que 83 por ciento de niños y niñas entre los 12 y 17 años en México fue víctima de algún delito o maltrato por personas conocidas; según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 3.6 millones de menores entre 5 y 17 años de edad son víctimas de la explotación laboral; datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico señala que nuestro país tiene el primer lugar en homicidio de niños y niñas de 14 años; finalmente, se señala que México ocupa el primer lugar a nivel mundial en difusión de pornografía infantil y se señala que las principales víctimas son mujeres de entre 11 y 15 años de edad.
Los graves hechos de violencia hacia las mujeres que hemos visto en los últimos años en el estado de Tlaxcala, especialmente la desaparición, el feminicidio y la trata con fines de explotación sexual, son un llamado de atención para analizar los elementos que permiten que esta violencia se reproduzca e incluso se incremente. Para alcanzar su prevención se hace necesario comprender la construcción de la violencia de género desde la infancia y la adolescencia y en ese sentido implementar programas educativos que lleven a cambiar esas pautas de comportamiento. Estos programas permitirían, por una parte, prevenir a las y los adolescentes ser víctimas de las violencias que antes hemos señalado como parte del contexto mexicano y, por otra, prevenir que en el futuro los adolescentes reproduzcan prácticas violentas, esto implicará una amplia participación del sistema de educación, por tanto un rol fundamental lo desempeñan las y los profesores, algunos de los cuales muestran conductas machistas, como aquellos que han sido señalados de acoso sexual.
En tanto, desde las instancias de gobierno, especialmente el sistema educativo, logran implementar los programas que lleven a prevenir la violencia hacia las mujeres, es necesario que las instituciones públicas garanticen el acceso pleno a la justicia por parte de las mujeres que viven violencia, pues de no hacerlo mandan un mensaje a los hombres para que pueden seguir cometiendo estos delitos y este círculo de violencia hacia las mujeres puede continuar incrementando.

