“Ladran, Sancho, señal que cabalgamos” (autor desconocido). El precio de la gasolina ha sido bandera de las oposiciones en los últimos dos años: primero, por el famoso gasolinazo en enero de 2017, donde se liberaron los precios de los energéticos para que éstos estuvieran determinados por la oferta y la demanda, además del tipo de cambio y el precio internacional del petróleo; segundo, porque a pesar de que hay más supuesta competencia el precio no se ha normalizado a la baja, hecho que demuestra el fracaso de la reforma energética. De hecho, ahora los opositores al gobierno de AMLO exigen que los precios se reduzcan al consumidor final. Una fórmula es congelar el precio de la gasolina. Veamos.
El gobierno de AMLO ha sostenido que el precio de la gasolina no subirá de precio en términos reales, es decir, no subirá por encima de la inflación, ni habrá en consecuencia aumentos acelerados como los ocurridos en enero de 2017. De hecho, las propias condiciones internas y externas han favorecido ese escenario, la inflación está por debajo de las expectativas del Inegi y del Banco de México, el tipo de cambio ha sido favorable para el peso mexicano y los precios de petróleo han repuntado en las últimas semanas y pese al desabasto provocado por la lucha contra el huachicol iniciada en diciembre de 2018, el precio de la gasolina logró mantenerse; sin embargo, durante el último mes los precios han sufrido aumentos en la Magna, el diésel y la Premium, las gasolineras han subido los precios. Ante ese fenómeno, el gobierno decidió bajar el impuesto a la importación de la gasolina, el famoso IEPS, para que el consumidor final viera reflejada una baja en el precio en términos reales. Esta medida, que tiene efectos en la recaudación fiscal, debería de inmediato verse reflejado en el precio al consumidor, evento que no se ha registrado.
En general, la gasolinera ha hecho su agosto al aprovechar la diminución del IEPS, tal como lo ha señalado y mostrado el gobierno federal, pues a pesar de que la medida fiscal es para beneficiar a los consumidores finales, las reducciones del impuesto y el diferencial se las han quedado la mayoría de las empresas, en un acto de cinismo energético, yendo en contra de la población en general. En ese sentido vale la pena recordar que el gobierno de AMLO ha diseñado un plan estructural para el sector energético, que se puede resumir en rescatar el abandono de Pemex, tanto en la modernización de seis refinerías como en la construcción de una más en Dos Bocas, Tabasco, y la propia industria petroquímica cuyas consecuencias en el mediano y largo plazo serán la reducción de la importación de la gasolina, para con ello bajar los precios de ésta en los consumidores finales, pero entre tanto eso ocurre, el gobierno estará con lupa analizando la competencia y los precios, pues hay indicios de que las gasolinera mantienen un monopolio u oligopolio simulado para establecer, controlar y registrar abusos a los consumidores.
Este es el escenario actual, las gasolineras han decidido darle la espalda al pueblo de México, muchas de éstas son de firmas vinculadas a la clase política y económica que secuestró y saqueó al país en las últimas décadas, esos grupos son los que desde sus trincheras siguen resistiéndose al cambio, quieren mantener sus privilegios y poco les importa las brechas de desigualdad económica y social. En ese sentido, el gobierno ha puesto dos temas para incidir en la baja del precios, la primera es exhortar a los dueños de las gasolineras para que cumplan con reducir sus precios en función de la baja del IEPS; la segunda, instalar estaciones de gasolinas especiales de Pemex para vender a precios más bajos, justos e incidir en la competencia de oferta y demanda, pero hay una tercera fórmula, el presidente tiene la facultad para decretar la congelación de los precios de las gasolinas, amparado por la Constitución.
La congelación de precios puede ser temporal entre tanto los organismos empresariales aceptan reducir los precios a niveles justos. De hecho, no sería la primera vez que un hecho de esta naturaleza se aplique y en esta ocasión en lugar de apoyar a la clase económica corrupta, se haga para favorecer a millones de consumidores de todos los estratos económicos. Dicha fórmula es posible de aplicar, a pesar de que los empresarios den el grito en el cielo, pero ya es tiempo que todos comprendamos que el saqueo protegido por los gobiernos neoliberales debe terminar y una forma es congelando los precios. Puede ser una medida extrema, pero ante la negativa, resistencia y saqueo, sería una medida ejemplar para detener los abusos históricos, basta ver la lista de los dueños de las gasolineras para mostrar quiénes son los verdaderos saqueadores de la riqueza nacional. Sí a los precios congelados.
Entre tanto, domingo de ramos, las redes han hecho lo propio para colocar en su lugar a quien queriendo ganar protagonismo terminó siendo el hazme reír en las benditas redes sociales, inicio su viacrucis… que siga la fiesta. Ver para creer.

