En el área de sentenciadas, el lente de este Diario es evadido por las reclusas.
Ellas disponen de 10 metros cuadrados para hacer sus actividades y asear su ropa detrás de una puerta fuertemente asegurada.
Si bien no tienen hacinamiento, cada dormitorio es ocupado por seis reclusas, auqnue el cupo límite es para 73.
Cuando una de ellas quiere hablar por teléfono con su familia, siempre es custodiada hasta las casetas.
Aquí, hay una mujer privada de su libertad -de 40 años- originaria de Tlaxcala, quien cumple una pena de 55, pues dice que un Juez le cuadró el delito de trata de personas, aunque asegura ser inocente.
También existen siete casos a quienes por buen comportamiento las autoridades les han adecuado la pena con 10 o 15 años menos y están por dejar el reclusorio.
Yanet Aguilar Flores, coordinadora del Anexo Femenil, afirma que al interior del penal cada 24 horas
Con ocho años de experiencia en sistemas penitenciarios, la funcionaria conoce perfectamente su trabajo.
En entrevista, reveló que a diferencia de los hombres, la mujer es abandonada en reclusión, hecho que se consuma después de la sentencia.
Ya que difícilmente se da la reincidencia en Tlaxcala -enfrentan delitos graves-, defiende que desde la cárcel, con estudio, capacitación y trabajo, la mayoría de ellas tiene otra oportunidad de vida.
Del total de reclusas, dijo que 22 prefieren dedicar el mayor tiempo a la maquila de pantalones y camisolas industriales en dos talleres de costura, donde obtienen ingresos que van de los 700 hasta los mil 200 pesos por semana.
Asimismo, destacó que el gobierno estatal invierte para que los penales se ubiquen entre los mejores del país, aunque admitió que es muy costoso mantener a una interna.
Inclusive, anunció que en cuatro años deberán cumplir con lo instruido por la Asociación de Corrección de América y obtener la certificación.
Aguilar Flores mostró los trabajos de rehabilitación en el anexo donde incluyen todas las áreas técnicas, así como un espacio para cuneros de los bebés que nazcan al interior.
Explicó que 30 empleados (un 50 % mujeres) trabajan para que las presidiarias sean atendidas en las áreas como enfermería, medicina, odontología, psicología y pedagogía.
Resaltó que derivado de la reforma al párrafo segundo del artículo 18 de la Constitución, se trabaja bajo cinco ejes de reinserción social para que no vuelvan a delinquir.
Eso sí, aclaró que lo principal es el respeto a los derechos humanos, salud, educación, capacitación y deporte, por lo que a cada interna se le adecúa un plan de actividades de acuerdo a sus perfiles de ingreso.
Recalcó que hay mujeres que llegan sin saber leer ni escribir, por lo que se les alfabetiza en primaria, secundaria y/o preparatoria.
Citó que actualmente cinco están inscritas en alfabetización, ocho en secundaria y 10 en bachillerato.
Además, afirmó que reciben cursos del Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Tlaxcala, el más reciente con la certificación de 13 personas en estilismo y 10 que están ocupadas en otro curso.
Comentó que el comedor del penal será certificado con el Distintivo “H”.
También detalló que sirven los tres tiempos, tres veces al día: sopa de pasta, arroz y guisado de carne, dietas avaladas por nutriólogos y que la ACA verifica.
Rememoró que en 2011 los hijos de las reclusas, una vez que nacían en el hospital, vivían en prisión hasta los seis años, pero ahora se redujo a tres.
Finalmente, sintetizó que de 2011 a 2019 se han presentado cinco casos de mujeres que vivieron en prisión con sus hijos, pero actualmente no tienen a ninguna en este supuesto, aunque se preparan para esos momentos.

