Casas que parecen devastadas por la guerra, despintadas por el paso del tiempo, rodeadas de maleza que no ha sido retirada, algunas ya no poseen puertas ni ventanas y las que en mejores condiciones están tienen los cristales rotos.
Las calles son sólidas, sobre todo cuando cae la noche, porque los habitantes temen ser agredidos física o verbalmente, eso en el mejor de los casos.
El transporte público circula con precaución por algunas calles, pues algunos conductores han sido víctimas de “los amantes de lo ajeno”, incluso a ellos no les cobran pasaje.
“Ha de ser uno de los vaguitos de aquí, luego, luego se le ve la facha”, comentó un chofer de la ruta Apizaco-Girasoles a su acompañante, eso después de que de la unidad descendiera un joven de unos 35 años de edad con vestido con pantalón de mezclilla, chamarra de cuero negro y gorra.
Se trata del clima que todos los días prevalece en el fraccionamiento “Los Girasoles”, ubicado en el municipio de Tzompantepec.
Y es que ahí, las personas que por necesidad se adueñaron de una vivienda abandonada se han convertido en un peligro para el resto de los residentes, familias enteras.
Decenas de “paracaidistas” que llegaron en 2012, al comprar a bajo costo una casa de interés social abandonada por sus dueños, han hecho del robo a la casa-habitación y automóviles su “modus vivendi”.
No solo eso, habitantes del fraccionamiento comentaron a este Diario que los “paracaidistas” se han convertido en delincuentes que no conformes con desvalijar casas abandonadas, desde el año pasado han cometido robos a viviendas que sí tienen dueño, hurtos de automóviles y que a todo eso se suman las amenazas de muerte en caso de denunciar lo que sucede.
Roban de todo, dicen algunos vecinos, el cobre de la instalación eléctrica, los muebles de baño, de cocina, puertas y ventanas, bombas de agua, boilers, tinacos de agua y hasta los apagadores, en fin, todo lo que “esté a su alcance”.

